Había una vez una princesa que tenía vestidos de todos, todos los colores. Y cada color contagiaba a los que la veían de un estado de ánimo, alegría, tristeza, felicidad, melancolía... Pero ella no lo sabía. Caminaba por los pasillos del castillo, por las calles del pueblo, y transformaba a la gente por un ratito. Un día se puso el vestido más triste que tenía, y no sabía por qué pero todos lloraban a su alrededor. No le gustó el vestido y no lo usó más. Otra vez se puso uno que hizo que todos se mueran de risa... Ese le gustó bastante, pero también la agotó. No podés estar todo todo el tiempo con gente que se ríe sin parar! Pero un día en particular se cruzó con la bruja de la región. Todas las regiones tienen una. Y esta bruja le quiso comprar el vestido de la tristeza... La princesa, tan buena que era, se lo regaló. Y la bruja se lo puso enseguida... Tan fuerte era el poder que hasta la princesa lloró. Y todos los demás también lloraron. Durante varios años, la tristeza ...
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