Ir al contenido principal

Papelito, el hombre de papel y su perro Shuopi

Había una vez un señor de papel llamado Papelito, que tenía un perro muy lindo y chiquito que se llamaba Shuopi.

A los dos les gustaba mucho ir a pasear al parque de Papel. Pero Shuopi una vez se escapó y Papelito se enojó mucho mucho. Entonces le puso una correa más fuerte de papel. Y cuando llegaron a su casa Shuopi se fue a su cucha de papel porque estaba enojado con Papelito.

Shuopi se durmió mientras Papelito le preparaba su comida.

Pero a Shuopi no le gustaba esa comida. Le gustaba la comida de humanos! Papelito no sabía esto, porque nunca se lo había preguntado.

Shuopi, cuando se despertó, tenía su comida al lado. Y Papelito había ido de compras. Shuopi entonces se subió a la mesa para buscar comida rica. Cuando Papelito llegó a la casa vio toooodo el desorden de comida y a Shuopi muy gordo.

Se enojó y lo retó. Luego Shuopi le contó que no le gustaba la comida que le daba, que quería la de humanos y por eso se comió todo! Y entonces Shuopi y Papelito vivieron felices por siempre con las comidas que les gustaban.

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Gusano Ojolar

Hace unos cuantos meses, un gusano salió de su cueva a buscar comida, porque estaba preparándose para hibernar. Era otoño y solo quedaban unas plantitas con hojas verdes. No era un gusano común. Era un gusano ojolar, de esos gusanos que tienen los ojos muy grandes en las puntas de dos antenitas. Era de color azul y violeta. Esos ojos tan saltones le permitían ver a través de las cosas, y el gusano se divertía espiando a las gusanitas. De tanto espiar, se le vino encima el invierno. Y no había juntado nada de comida. Pasó un invierno muuuy duro, sin comer casi nada, terminó taaan flaco que aprendió una dura lección: hay que divertirse pero también trabajar.

Mariano, el camello salvavidas

(este es un ejemplo de cómo un cuento anterior se puede reciclar y convertir en uno nuevo - tachado está el texto del anterior) En las montañas el desierto del centro de Europa África trabajaba Astrid Mariano, un a perra camello con un collar que sostenía un barrilito de licor caliente agua. Un día, un grupo de gente se perdió en la montaña el desierto cuando una tormenta los cubrió de nieve arena. Para buscarlos, emplearon a muchos rescatistas y a la estrella, Astrid Mariano. Después de olfatear muchos días, finalmente se puso a ladrar raspar con las pezuñas cerca de una gran piedra, apuntando hacia abajo. El equipo de rescatistas comenzó a cavar con energía, sabiendo que pocas veces Astrid Mariano se equivocaba. Al rato, unos metros más abajo, escucharon gritos. El grupo de gente se protegió detrás de una roca y sobrevivió todo ese tiempo gracias a cosas que llevaban en la mochila. Lo primero que hizo Astrid Mariano fue darles de beber de su barrilito de licor ...

Squeaky, la Ardilla Comilona

Había una vez una ardillita que se llamaba Squeaky. Ella vivía en un árbol muuuy alto de bellotas, y todos los días se comía una gran cantidad en el desayuno. Porque como dicen, "hay que desayunar como un Rey, almorzar como un Príncipe y cenar como un Mendigo". Y a Squeaky le encantaban los dichos. Un día muy frío, el árbol dejó de dar bellotas. Squeaky se empezó a preocupar porque no tenía qué comer. Fue a otros árboles pero no encontró comida que le gustó. Tampoco que encontró comida que no le gustó. Finalmente aprendió una gran lección: comer cinco o seis bellotas por día para poder guardar para cuando hiciera mucho frío.